
El General Mariano Melgarejo.
De todo lo que he escrito, el post màs visitado y leìdo, por mucho, es “Dichos y hechos del general Melgarejo”.
Este presidente de facto de la Repùblica de Bolivia, que gobernò en la dècada de 1860, es considerado el peor presidente latinoamericano, de todos los tiempos. Era “invenciblemente ignorante”, segùn lo definiò un historiador de la època.
Pero era un signo de esos tiempos, debe decirse.
Por ejemplo, Mariano Melgarejo, para pasear por la plaza, hacìa salir primero algunos soldados con làtigos, para espantar a la gente.
En Paraguay, el Dr. Francia, hacìa disparar un cañonazo, y todo el mundo tenìa que meterse en su casa.
Eran dictadores con puntos en comùn. En suma, Melgarejo, no era tan singular.
Tomando como fuente el libro de Tomas Darlach, yo mostrè algunas de las ridiculeces y tropelías que Melgarejo llevò a cabo durante su presidencia.
Aquì les traigo otras. Parecen inventos, pero es la rigurosa verdad.
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DISPAREN A LAS NUBES!
Melgarejo era muy bebedor. Tomaba a cualquier hora y, estando ebrio, era imprevisible.Una mañana, habìa salido de maniobras con un batallòn de “Colorados” (Coraceros), pero llovìa y no se podìa practicar nada. Esperando que escampe, Melgarejo comenzò a beber ponche, y al mediodìa, ya estaba borracho. Entonces, hizo formar a los soldados y los arengò:
“Soldados de la patria! Dios reconoce nuestro valor y nuestra entrega a la Revoluciòn de Diciembre! Que el humo de nuestras armas, disipe esta tormenta, como reconocimiento a nuestro valor y patriotismo! DISPAREN A LAS NUBES!”
Debe haber sido la arenga màs loca que se haya dado a un grupo de soldados, pero fue cumplida. La tropa disparò, todos juntos, al cielo.
Y, aunque parezca increíble, por casualidad empezò a soplar viento, cesò de llover, y se abriò el cielo.
Los soldados, en gran parte indígenas, tomaron esto como prueba de la “Magia” de Melgarejo, y le fueron fieles hasta su final.
EL SOMBRERO
Una mañana, Melgarejo miraba desde el balcòn de la Casa Presidencial, el desfile matinal de su guardia. Alguien le habìa regalado un alto sombrero de copa, que le gustaba mucho, y que llevaba puesto, a pesar de estar en bata.
Al pasar los soldados, viò que uno de ellos, llevaba del cabestro a su caballo preferido, “Holofernes”.
Melgarejo, ordenò que parasen, y les dirigiò un discurso sobre como “Holofernes”, lo habìa salvado durante la “Revoluciòn de diciembre”, llevàndolo a lograr la hazaña de tomar el poder.
Se enardeciò tanto, que, en un momento dado, tomò su sombrero y lo arrojò al aire, entre los vìtores de los soldados.
El sombrero se clavò en la bayoneta de un soldado raso. Y se arruinò.
Pero Melgarejo ascendiò al soldado a Sargento. Inmediatamente.
¡Una revoluciòn, bien vale un sombrero de copa!
LA CARABINA
Una noche, el general Melgarejo recibiò un obsequio del embajador brasileño, una hermosa carabina con sus iniciales labradas en oro.
Pero, como ya estaba ebrio, se le ocurriò probarla desde el balcòn.
-“Le voy a disparar al primer “paceño” (natural de La Paz) que pase frente al Palacio”!- exclamò.
Estuvo mucho tiempo esperando a que pase alguien, pero no habìa nadie. Enfurruñado, se fue a dormir, vencido por el alcohol.
Lo que Melgarejo no sabìa, es que todos los soldados de la guardia, habìan salido del palacio, y se colocaron en las bocacalles, impidiendo que nadie pase frente al palacio!
Melgarejo nunca se enterò, si no, la probaba con ellos!
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“ACTO PRIMO”
Cuando Melgarejo hacìa alguna salvajada, la prensa obsecuente, lo calificaba de “acto primo”, del presidente.
Una vez, en visperas de la celebración de la Batalla de Ayacucho, mandò arrestar a un ciudadano de apellido Santos, de quien le habìan dicho, que hablaba en contra de su gobierno.
Sin juicio ni acusaciòn, lo mandò fusilar frente al palacio, a las cinco de la mañana.
Màs tarde, a mediodìa, fue a la càrcel de La Paz, y liberò a todos los condenados, repartièndoles dinero, en nombre de la celebración de la Batalla de Ayacucho.
El mismo dìa, asesinò a un inocente, y premiò a los delincuentes!
Eso, era un “acto primo”, de Melgarejo.
VALIENTES OFICIALES.
Dos oficiales del batallòn “Colorados”, de apellidos Carrasco y Cevallos, habìan sido elegidos por Melgarejo para ser ascendidos.
Pero al recibirlos, les dijo que querìa probar su valentìa. Sin saber de que se trataba, los oficiales dijeron que sì. Que aceptaban.
Entonces Melgarejo, que habìa tomado bastante, los puso contra la pared, con un “quepis” (gorro militar) en la cabeza, y èl, desde la otra punta de la habitación, hacìa punterìa, para ver si les sacaba el quepis de un balazo, sin matarlos.
Primero Carrasco, y después Cevallos.A los dos, Melgarejo les volò el quepis de un tiro.
Cuando salieron, estaban màs contentos de estar vivos, que del ascenso!
LOS PASAPORTES DE MELGAREJO
Un primo de Melgarejo, el General Lozada, estaba en contra de su gobierno, debido a las locuras que cometìa el presidente.
Èste lo mandò apresar, y todos suponìan que serìa fusilado al dìa siguiente.
Como Lozada era una persona muy respetada, mucha gente se acercò a pedir clemencia, entre ellos, la comunidad Franciscana. Tanto le suplicaron, que, para sacàrselos de encima, el General Melgarejo accediò a perdonarle la vida.
Los Franciscanos le dieron las gracias y lo invitaron a una misa, al dìa siguiente, seguida de un almuerzo en el convento.
Melgarejo asistiò, con sus ministros, a la misa de gracias por la salvaciòn de Lozada, y estuvo muy amable y jovial en el almuerzo.
Hasta que un monje le preguntò que harìa con Lozada.
-“Esta mañana, le di sus pasaportes, y lo despachè, Padre mìo.”- contestò Melgarejo.
El fraile inquiriò a que paìs habìa partido Lozada, entonces.
-“Al otro mundo, Padre mìo”- contestò Melgarejo.
¡Melgarejo habìa hecho fusilar a Lozada esa misma mañana, pero, como era muy catòlico, no quiso perderse la misa!! (ni el almuerzo).
EMULANDO A BOLÌVAR.
El General Melgarejo, admiraba, como muchos, a Simòn Bolívar, el gran Libertador.
Habièndose enterado que, era costumbre de Bolívar, el pronunciar un brindis electrizante, que enardecìa a los presentes, y luego arrojar la copa con fuerza al piso, Melgarejo esperaba la ocasión para hacer lo mismo, ya que querìa estar a la altura del gran hèroe.
Hasta que llegò un banquete al que asistieron embajadores extranjeros, y la clase social màs alta de La Paz..
Entonces, a la hora de los brindis, El general dijo una parrafada que ya tenìa estudiada, y arrojò la copa al piso. Todo el mundo aplaudiò, y Melgarejo se sentò, muy satisfecho.
Pero algunos de sus adulones, pensando en complacerlo, tambièn dieron brindis y tiraron la copa al piso!
Entonces Melgarejo se enojò, les gritò que no se atrevieran a hacer eso, porque ellos no eran “Ni Bolívar, ni MELGAREJO!”, y dio por terminado el banquete.
Y cada uno a su casa, embajadores incluìdos!
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Buenas tardes.