Gente Sensible

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viernes, 16 de diciembre de 2011

EL ATAQUE DE LOS PERROS


(Disculpen que no haya entrado desde el jueves. Aquì hubo feriado largo, y estuve sin salir de casa cuatro dìas. Debe ser la època. Esto saliò en Bloguetia hace miles de años, cuando me atacò una jaurìa de perros salvajes, y estuve veinte dìas en el hospital.)

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(Nota del Gaucho: esto es inèdito. Nunca se publicò. Lo escribiò gustavo a fines del año pasado.)


(Nota de gustavo : Este post está dedicado al querido Gaucho Santillán parodiando los hechos ocurridos hace unas semanas en las afueras de Resistencia, donde fuera atacado por una jauría de perros cimarrones).

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La tarde caía y la paisanada se arrimaba al boliche para tomar una ginebra antes de ir a sus ranchos, donde chinas y guríes esperaban ansiosamente el retorno de los indomitos reyes de las pampas.


El Aujero ´el Cuis era el único boliche de campo que quedaba en la ciudad de Resistencia. Allí, los más indómitos gauchos se resistían al paso del tiempo, negándose a caer en la seducción de los pubs y los bares de decorados extranjerizantes.

Cabe aclarar que los parroquianos habituales se ganaban la vida como profesionales, banqueros, burócratas y entre ellos había hasta algún que otro modisto. Pero todos ellos, respetando las ancestrales tradiciones de su tierra, al terminar su actividad diaria se vestían de gauchos, y pasaban por el boliche.


En su afán purista, los clientes del bar mantenían intacta su lealtad a la bota de potro, lo que hacía que los dedos de los pies se llenaran de mugre al contacto con el suelo de tierra apisonada del recinto. Los más extremistas, se negaban a sentarse en nada que no fuera una calavera de vaca.


En el recinto, estaba prohibido hablar de fútbol, limitándose las conversaciones deportivas a tópicos como las cuadreras, las bochas o la taba.
En materia de política, no se podía de común acuerdo mencionar a ningún prohombre posterior a Roca y Avellaneda.


Tan lejos llegaban en su fundamentalismo tradicionalista los parroquianos, que habían declarado que dentro del ámbito de la pulpería la vinchuca sería considerada fauna autóctona protegida.


Y no faltaron aquellos que trataron infructuosamente de incitar a los wichis a un malón, cuando, aburridos por la falta de acción, comenzaron a pensar en darles uso a los Remingtons heredados de sus antepasados.


A este refugio de virtudes argentinas, una tarde entró apresurado uno de los habituales clientes del boliche. Tan turbado estaba, que hasta estacionó el flete en doble fila. Saludó, se acodó en el mostrador, le pidió una ginebra al pulpero, y dijo en voz fuerte, para no tener que repetirlo:


-Lo han heriu al Santillán!


-Canejo, y como fue?-preguntó un viejito rotoso que era en realidad el dueño de una próspera cadena de boutiques.


Los demás se arremolinaron ansiosos en torno al recién llegado, para escuchar la relación del infortunio.
Y es que Santillán era uno de los más respetados en el pago, pese a su insistencia en usar bombachas batarazas floreadas.


-Han sido esos sotretas de los perros cimarrones. Lo han emboscau de a traición, los muy maulas.


-Cuántos eran, los disgraciaus?-inquirió el pulpero, que era además el poseedor de una discoteca en el centro de Resistencia.


-Santillán contó unas ochocientas patas, así que serían unos doscientos cimarrones que se le fueron al humo. Pero Santillán no se achicó, peló el facón, y les dentró a dar pa´que tengan y pa´ que guarden, a los brutos.


-Y cómo está, el Gaucho ?-intervino otro de los clientes, de profesión decorador de interiores.


-Medio mordisqueau, pero no va a estirar la pata por un malón de cuzcos.
Ya la culandrera le hizo las curaciones.


-Güeno, pero tanto perro junto, no es normal.
Alguien los debe de haber sublevau, pa´que se vengan tan en montonera-reflexionó el pulpero.


-Justamente.
El Gaucho alcanzó a reconocer al que los mandaba. Era el Mendieta-aclaró el narrador-. Parece que el animalito, desde que se nos fue don Inodoro, se ha puesto cimarrón, de la pena.


Y ahí fue que esos curtidos hombres de campo, exclamaron al unísono:


-Qué lo parió!


(Autor ; gustavo)

Buenos dìas.


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martes, 23 de agosto de 2011

EL NIÑO QUE NO SABÌA


Esto lo escribì hace tiempo. Habìa leido sobre la cultura "Amarna", y el ùnico faraòn monoteìsta, Akenatòn, que fue asesinado por el cobro de impuestos.

Esta es una teorìa, en realidad. Pero es TAN actual!

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El niño jugaba junto al estanque del palacio. En todo el alto valle del Nilo, el sol refulgìa con fuerza. Todo era tranquilidad, y el pequeño, se sentìa feliz.

Es cierto que extrañaba a su familia, de la que habìa sido separado abruptamente, hacìa unos meses, al morir su tìo. Pero los sacerdotes del templo, que le acompañaban todo el tiempo, si bien no dejaban que nadie se acercara a èl, trataban por todos los medios de que se tranquilizase.

Su tìo habìa sido Faraón, durante muchos años. Habia nacido bajo el nombre de Amenofis IV, pero habìa cambiado èste, (el niño no sabìa por què), al de “Akenatòn”, el “hijo del sol” .

Tambièn habìa cambiado la capital del paìs, Tebas, donde estaba el principal templo de Amòn, y donde se recogìan los impuestos, hacia una ciudad nueva, fundada por èl, a la que llamò “Amarna”.

Allì, creó el templo de “Atòn”, el Dios Sol, y lo habìa convertido en el nuevo centro de tributo, donde los sacerdotes de Amòn, y de los otros Dioses, no tenìan cabida.

(Centurias después, muchos arqueòlogos se maravillarìan al descubrir este reinado inaudito. Un Faraón monoteísta!)

Pero el niño no sabìa nada de esto. A sus nueve años, sòlo le interesaba cazar patos junto al estanque.Por eso, confiando en los sacerdotes, puso su sello en muchos papiros que no comprendìa.

Nunca supo que dictò la abolición del dios Atòn, ni la persecución de sus seguidores.

Tambièn sellò, sin saberlo, la destrucción de cualquier estatua que recordara a su tìo. Y tambièn de sus templos.

Y la ciudad llamada Amarna.

Y de cualquier cosa que le mostrara a los egipcios que podìa existir otro Dios, o que no era necesario pagar tributo en el templo de Amòn.

Tampoco supo que , oficialmente, su propio nombre habìa sido cambiado, consagràndolo como hijo devoto de este Dios .

Al ser separado de su madre, por la fuerza, ella, entre sollozos, logrò decirle que su tìo habìa sido asesinado, pero èl no comprendiò que querìa decirle.

Luego, (sin saberlo èl), ella y su familia, tambièn marcharon a la muerte.

Nunca sospechò que su tìo habìa sido asesinado por aquellos mismos sacerdotes que ahora lo protegìan.

Nunca supo que viviría solo y aislado, y que no sería feliz, sino útil.

Nunca imaginò que, diez años después, al tratar de oponerse a ellos, èl mismo serìa envenenado.

Y mucho menos supo, (ni sabrìa jamàs), que siglos después, su nombre se harìa famoso.

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“Miren!”- dijo Howard Carter – “En el sello de la tumba, està el nombre!

Dice :“¡TUT - TANK – AMON !”

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Buenas noches.

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lunes, 2 de mayo de 2011

LA EXPLICACIÒN DE TRÀNSITO CARRASCO


Hola. Amigos, me mudè el sàbado, y comencè hoy en el trabajo nuevo. Por poco tiempo, no tendrè computadora en el laboratorio, asì que solo podrè entrar desde ciber cafès. Igualmente, los visitarè todo lo que pueda. Que Dios nos bendiga a todos. Este relato, fue la primer prosa que escribì. Creo que nadie lo ha leìdo.


(que poca cosa serìamos los padres , de no ser por los hijos!)

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Tránsito Carrasco había nacido en el norte chaqueño, de familia pobre y sin recursos. Solo conservaba un neblinoso recuerdo de su padre, el cual, buscando sustento, emigró del campo familiar, y jamás volvió.

Tránsito se hizo solo. Él y sus seis hermanos salieron a trabajar al monte siendo niños, tratando de esquivar el hambre que la tierra yerma y las sequías le tenían destinado. Hubiese querido tener un padre. Pero, entre tantas otras cosas, Tránsito Carrasco careció hasta de un consejo.

Ahora, ya hombre, habiendo emigrado de su tierra, recordando a su madre (a la que sabía que no volvería a ver), Tránsito se agachaba sobre el surco, que su sudor regaba, pensando en que distintas serían las cosas para su propio hijo.

( Porque Tránsito Carrasco se había prometido, estando solo, allá, en medio del monte, pasando hambre mientras trataba de completar la cuota de madera, que SU hijo leería).

Y sabiendo leer, aprendería TODO. Como los doctores, los comisarios, los jueces. Esos no pasaban hambre.
Y mandaba a su hijo a la escuela. Y su hijo volvía, y le mostraba cosas escritas, que para él eran ininteligibles, pero que el niño entendía, cosa que lo emocionaba.

Y Tránsito dio consejos, y palmadas y besos. Y de noche , sin que nadie lo viera, abría el cuaderno para extasiarse con esos garabatos raros, pero que significaban cosas.

Y cada noche, se prometía que jamás fallaría, que dejaría la sangre, la vida, el aliento. Pero que siempre estaría.

Hasta aquella siesta de domingo.

Después de una reunión familiar, Tránsito, un poco envinado, se acostó a dormir con la risa arrastrada por el alcohol y las bromas soeces. El niño jugaba cándidamente en el patio, con una pelota.

De repente, pareció pensar algo, y encaró para el dormitorio. Una vez allí, abrió la puerta, y sin más, le espetò a su padre la pregunta que lo acuciaba:

-" Papá....Usted sabe quién es el padre del más viejo del pueblo?"-.

Tránsito Carrasco hizo un esfuerzo para contestar. Se habìa dado cuenta, (y sintió un escalofrío), que su hijo no preguntaba algo común. No conocía, aquel niño, al más anciano de la población, ni le importaba.

Su hijo se refería a algo más importante, algo delicado, algo referente a la vida misma, según intuía Tránsito.

Pero el alcohol pudo más. Sintiendo que su cabeza explotaba, Tránsito contestó un seco :

-"ahora no moleste, mocito. Deje dormir a su padre!"-.

Sorprendido, el niño quedó inmóvil un momento, luego se fue en silencio. Al rato, olvidado de todo, ya estaba jugando.

Pero Tránsito Carrasco quedó intranquilo. Dio vueltas en la cama. No pudo volver a dormir.

Treinta y ocho años, nueve meses, y siete días después, ya en su lecho de agonía, cabalgando la última fiebre, Tránsito Carrasco tratò, sin voz y con lágrimas que nadie podía explicar, de decirle a su hijo cual era el origen del hombre.


Buenas tardes.


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